El pase se va fuera.
O el saque se queda en la red. O la transición te cuesta unos segundos que no tenías previstos. El error dura muy poco y la siguiente acción ya está llegando.
Muchas veces la cabeza se queda un rato en la jugada anterior. La repasas, la corriges por dentro, piensas en quién lo ha visto. Mientras tanto, el partido sigue.
Cuando un deportista me cuenta que después de fallar “se va del partido”, suelo empezar por una pregunta sencilla: ¿qué pasó en la jugada siguiente?
Ahí suele estar la información más útil.
En Entreno bien, pero compito peor dediqué un apartado a este momento. Aquí quiero quedarme dentro de él: los segundos que separan un error de la acción que viene después. Es en ese tramo donde puedes recuperarte de un error sin salir del partido.
Lo que ocurre justo después del error
Después de fallar es frecuente que algo cambie en la forma de competir. Hay quien acelera la siguiente decisión para compensar. Hay quien deja de pedir el balón durante unos minutos. Otros empiezan a jugar más seguro o a vigilar cada detalle de un gesto que normalmente sale solo.
Algunos de esos cambios ayudan. Otros arrastran el error a la jugada siguiente.
Un estudio publicado en 2025 analizó los lanzamientos de cuatro temporadas de la NBA. Después de fallar un tiro, los jugadores tendían a elegir el siguiente desde posiciones algo más cercanas o favorables, y quienes hacían ese ajuste con más claridad también tendían a acertar más en su siguiente intento.
Son datos de jugadores profesionales, de un solo deporte, y los propios autores explican que parte del efecto puede tener causas estadísticas. Aun así, dejan una idea útil: cambiar algo después de un error puede ser una buena respuesta cuando ese cambio sirve a la acción siguiente.
Por eso me interesa menos cuánto tardas en “olvidar” un fallo y más qué haces con él en los segundos posteriores.

Quédate con la información útil
Un error suele traer varias cosas mezcladas. Separarlas ayuda a decidir qué te llevas a la siguiente acción.
Imagina a una tenista que falla un revés cruzado. En su cabeza pueden aparecer tres frases muy seguidas:
Lo que pasó
“He fallado el revés cruzado.”
Lo que me sirve
“La bola venía más alta. En la próxima la espero un poco más.”
Lo que pesa sin ayudar
“Siempre me pasa lo mismo en los puntos importantes.”
La primera describe. La segunda se puede usar en el siguiente punto. La tercera añade presión y deja la siguiente acción igual de abierta que antes.
Esto también vale para las emociones. La rabia o la frustración después de fallar pueden decirte algo importante: que esa jugada te importaba, que el partido está apretado o que necesitas un segundo para recolocarte. Reconocerlas forma parte de la información. Lo que conviene revisar es la historia que construyes encima de ellas.
Con esta lectura, volver a la siguiente jugada significa llevar contigo la parte que te sirve y dejar para después el resto. Lo demás puede esperar a que termine la competición.
Elige tu siguiente referencia
Después de un error, la atención suele irse hacia atrás: al fallo, al marcador, al entrenador, a la grada. Para volver, ayuda tener clara una referencia concreta hacia delante.
Puede ser la posición de tu par, el espacio libre, la rueda que tienes delante, el ritmo que quieres sostener en el siguiente tramo o el punto exacto al que vas a sacar.
Aquí hay un detalle que marca diferencia: formula esa referencia en positivo, con lo que vas a hacer.
En estudios con lanzamientos de penalti simulados, cuando la instrucción se centraba en evitar al portero, los lanzadores fijaban menos tiempo la mirada en su objetivo antes de chutar y aparecían más lanzamientos hacia la zona que querían evitar. Son tareas de laboratorio y muy concretas, así que conviene tomarlo como una pista. La pista es práctica: “voy a mirar el hueco a la derecha del portero” le da a tu atención un sitio al que ir; “que no vaya al centro” le da un sitio del que huir.
La pregunta que me parece más útil en ese momento es esta: ¿qué necesito ver o hacer en la próxima acción?
Una palabra, un gesto o una respiración, si te ayudan
Muchos deportistas utilizan algo breve para cerrar la jugada anterior y volver: una palabra como “siguiente” o “aquí”, colocarse la cinta, mirar un punto de la pista, soltar el aire una vez.
El autodiálogo es una de las estrategias más estudiadas en Psicología del Deporte. Un metaanálisis de 2011 encontró un efecto positivo moderado sobre el rendimiento, mayor en tareas de precisión y en habilidades que todavía se están aprendiendo.
Lo importante es su función. La palabra o el gesto valen cuando te llevan a la referencia que has elegido. Por eso funcionan mejor cuando los has probado antes en entrenamiento y sabes qué hacen contigo en un momento de tensión.
Volver bien antes que volver rápido
Existe una idea bastante extendida: el buen deportista se recupera enseguida del error y sigue como si nada.
A veces la mejor respuesta es rápida. Otras veces pasa por algo distinto: simplificar la siguiente decisión, elegir una opción más segura durante un par de acciones, hablar con un compañero o esperar al tiempo muerto para ajustar algo con el entrenador.
El criterio útil es si tu respuesta te deja en mejores condiciones para lo que viene. La velocidad es solo una parte.
La evidencia reciente sobre rendimiento bajo presión muestra que recursos como las rutinas o el autodiálogo pueden ayudar, con resultados más consistentes en tareas cerradas, como un tiro libre o un saque, que en situaciones abiertas y cambiantes. En deportes abiertos, la respuesta al error necesita entrenarse en contextos que se parezcan al juego real.
Si quieres entrenarlo antes de necesitarlo
La mejor jugada está en ti es una Rookie Tool pensada para este momento: vives una situación en la que aparece el error, observas qué haces después y preparas cómo quieres responder en tu deporte.
Si lo que más te cuesta es recuperar el foco cuando hay presión o ruido alrededor, Misión Foco trabaja precisamente esa habilidad.
Cuándo toca parar
Volver a la siguiente jugada es una respuesta para los errores del juego. Hay situaciones que piden otra cosa.
Si el error viene con dolor, una caída, un golpe, mareo o cualquier síntoma físico, la prioridad es parar y valorarlo. Lo mismo ocurre con los errores que afectan a tu seguridad o a la de otras personas, y con las indicaciones de árbitros, jueces, organización o cuerpo técnico.
También merece atención cuando la reacción a los errores se repite de forma intensa, te hace pasarlo mal durante días o empieza a aparecer fuera del deporte. En ese caso tiene sentido trabajarlo con un profesional.
Después de competir, toca analizar
Durante el partido interesa volver. Después, con la competición cerrada, llega el momento de revisar con más calma.
¿Qué errores se repitieron? ¿Qué hiciste en la acción siguiente? ¿Qué respuesta te funcionó y cuál te sacó del partido? ¿Qué parte es técnica, táctica o física, y qué parte tiene que ver con cómo lo viviste?
En los registros que uso con deportistas lo recogemos en dos columnas: la dificultad que surgió y la forma en que la afrontaste.
Ese análisis posterior es el que convierte el error en entrenamiento para la próxima vez.
APLICAR · MAPA ROOKIE
Prepara tu siguiente jugada
Puedes preparar esta respuesta en frío, antes del próximo entrenamiento. Estas cinco preguntas te ayudan a hacerlo:
- ¿Qué error suele engancharte más en tu deporte?
- ¿Qué haces normalmente en la acción siguiente?
- ¿Qué información útil suele dejarte ese error?
- ¿Cuál va a ser tu siguiente referencia concreta?
- ¿Qué palabra, gesto o respiración te ayuda a llegar a ella?
Pruébalo en entrenamiento, observa qué ocurre en la acción siguiente y ajústalo. La primera versión rara vez es la definitiva.
La siguiente acción todavía está por jugar
El error ya forma parte del partido. La acción que viene después todavía te pertenece.
Llegar a ella con la información útil, una referencia clara y, si te ayuda, una palabra o un gesto que te devuelva al juego es algo que se puede entrenar.
¿Un error se te queda varias jugadas?
Podemos mirar qué ocurre en tu caso después de fallar y preparar una respuesta que encaje con tu deporte y con tu forma de competir.
Soy José Ortiz Gordo, Psicólogo del Deporte. Trabajo con deportistas, familias, entrenadores y equipos para entender situaciones concretas de entrenamiento y competición y convertirlas en habilidades que puedan entrenarse.
Referencias
Denul A, Pourtois G, Loeys T, Notebaert W. Social post-error adaptations across four NBA basketball seasons. Scientific Reports. 2025;15:17919. https://doi.org/10.1038/s41598-025-02006-x
Binsch O, Oudejans RRD, Bakker FC, Savelsbergh GJP. Ironic effects and final target fixation in a penalty shooting task. Human Movement Science. 2010;29(2):277–288. https://doi.org/10.1016/j.humov.2009.12.002
Hatzigeorgiadis A, Zourbanos N, Galanis E, Theodorakis Y. Self-Talk and Sports Performance: A Meta-Analysis. Perspectives on Psychological Science. 2011;6(4):348–356. https://doi.org/10.1177/1745691611413136
Zeng Z, Yan W, Mohammadi A, et al. Counteracting choking under pressure in sport: A meta-analysis of interventions. Psychology of Sport and Exercise. 2026;85:103130. https://doi.org/10.1016/j.psychsport.2026.103130

