Tu hijo entra en el coche y lo dice antes de que hayas arrancado:
“Es que no juego nada.”
Quizá lleva varias semanas saliendo pocos minutos. Quizá hoy no ha entrado. O quizá sí ha jugado, pero siente que el entrenador no confía en él, que su rol ha cambiado o que no entiende qué tendría que hacer para tener más oportunidades.
Y tú también lo has visto.
A partir de ahí es fácil que aparezca una pregunta muy concreta: ¿hablo con el entrenador?
Mi respuesta no empezaría por un sí o por un no.
Empezaría por tres preguntas: qué está viviendo tu hijo, qué necesitas entender de verdad y para qué quieres tener esa conversación.
Porque hablar con el entrenador puede ser muy útil. Pero una reunión sobre “los minutos” también puede convertirse rápidamente en una discusión sobre decisiones técnicas, comparaciones con otros jugadores o frustraciones que pertenecen a los adultos.
Si tu hijo juega poco, la conversación suele ser más útil cuando sirve para entender su rol, qué está haciendo bien, qué necesita mejorar y cómo podéis ayudar desde vuestro lugar.
Los minutos pueden ser el motivo que abre la conversación. No tienen por qué ser todo el contenido.
Este problema ocupa un lugar central en mi trabajo y en Cuando la vida te sienta. Todo lo que SÍ puedes aprender desde el banquillo. El libro recorre la situación desde los tres lados que conviven alrededor de los minutos —deportista, familia y entrenador— y dedica dos capítulos completos a cómo hablar en casa de convocatorias y minutos y a cómo preparar una conversación constructiva con el entrenador. Esa mirada más amplia es importante porque jugar poco rara vez se entiende bien mirando solo el último partido.
Qué sabe tu hijo de su situación
Antes de pedir una reunión, me interesa saber qué entiende el propio deportista.
No es lo mismo un niño pequeño que no comprende por qué apenas participa que un adolescente que ya ha hablado con su entrenador y conoce las razones, aunque no le gusten.
Tampoco es lo mismo escuchar:
“No me pone porque me tiene manía.”
que:
“Me ha dicho que necesito defender mejor y ser más constante en los entrenamientos.”
La primera frase nos dice cómo está viviendo la situación. La segunda añade información concreta que se puede trabajar.
Puedes empezar preguntando qué le ha dicho el entrenador, cómo entiende su rol y qué cree que necesita mejorar. No para interrogarlo ni para decidir de inmediato quién tiene razón, sino para saber desde qué punto partís.
La autonomía también se entrena. A medida que un deportista crece, tiene sentido que participe cada vez más en las conversaciones que afectan a su experiencia deportiva.
A veces la mejor ayuda de una familia será hablar directamente con el entrenador. Otras veces será ayudar al joven a preparar qué quiere preguntar y dejar que sea él quien dé el primer paso.
Cuándo tiene sentido que la familia hable con el entrenador
No existe una edad o una regla universal.
Hay situaciones en las que la conversación familiar tiene bastante sentido: cuando el deportista es pequeño y necesita que los adultos traduzcan parte de lo que ocurre; cuando el rol no está claro; cuando lo que recibe el joven como mensaje es contradictorio; cuando una situación se mantiene y nadie entiende qué necesita cambiar; o cuando el propio deportista pide ayuda para abrir la conversación.
También puede ser útil cuando quieres comprender mejor el contexto antes de sacar conclusiones.
La investigación sobre relaciones entre entrenadores y familias en deporte juvenil sigue siendo limitada. Una revisión reciente encontró solo diez estudios directamente centrados en estas relaciones. Aun con esa limitación, aparecen de forma consistente ideas como colaboración, comunicación abierta, confianza y reciprocidad.3
Otra revisión sobre el papel de madres y padres en la motivación de jóvenes deportistas encontró que la forma de implicarse importa: el apoyo a la autonomía, una implicación moderada y una relación positiva aparecen asociados a experiencias motivacionales más favorables.1
Eso no significa que una familia tenga que participar en cada decisión deportiva.
Significa que puede existir un espacio legítimo para preguntar, escuchar y coordinarse.
Hay una diferencia importante entre pedir que tu hijo juegue más y pedir información para entender qué necesita para desarrollarse.

El momento de la conversación también importa
El final de un partido suele ser un mal lugar para resolver un conflicto complejo.
Tu hijo puede estar enfadado. Tú también. El entrenador está cerrando el partido, hablando con jugadores, organizando material o pensando en lo que acaba de ocurrir. Y alrededor puede haber otros deportistas y familias.
Si no existe una situación urgente de seguridad o protección, una conversación con carga emocional suele ganar mucho cuando tiene un espacio propio.
Puedes pedir un momento:
“Cuando puedas, me gustaría hablar contigo para entender mejor cómo ves ahora mismo a mi hijo y qué podemos ayudarle a trabajar.”
Esa frase no garantiza una buena reunión. Pero deja claro algo importante: estás buscando comprender antes de juzgar.
Y permite que el entrenador llegue también preparado para hablar.
De “¿por qué no juega?” a preguntas que dan información
“¿Por qué no juega mi hijo?” es una pregunta comprensible.
El problema es que puede dejar muy poco espacio para una respuesta útil. Puede sonar a defensa de una decisión y llevar la conversación directamente a justificar una alineación.
En F15 · Mapa de objetivos: reunión con el entrenador, una de las Rookie Tools incluidas en la Biblioteca Banquillo, trabajo precisamente este cambio de foco: llegar a la reunión sabiendo qué quieres entender, qué parte corresponde al deportista y con qué siguiente paso tendría sentido salir.
En el artículo basta con quedarse con tres ejemplos:
- Rol: “¿Cómo describirías su papel en el equipo ahora mismo?”
- Desarrollo: “Si solo pudiera trabajar dos cosas este mes, ¿cuáles serían?”
- Coordinación: “¿Qué podemos hacer desde casa para ayudar sin interferir?”
La herramienta completa va más allá: ayuda a ordenar el motivo de la reunión, separar hechos de interpretaciones, preparar las preguntas y cerrar con un siguiente paso. Después, F16 permite aterrizar lo hablado en un pequeño acuerdo revisable. La idea es que la conversación no termine al salir del despacho.
La evidencia sobre programas interpersonales con entrenadores y familias sugiere que estas habilidades de relación pueden trabajarse y mejorar algunos resultados en deporte juvenil, aunque la investigación específica con padres sigue siendo mucho menor que la realizada con entrenadores.2
No necesitas estar de acuerdo con todo para escuchar
Puede ocurrir que la explicación del entrenador no te convenza.
Eso también forma parte de la conversación.
Escuchar no significa dar por buena cualquier decisión. Y colaborar no significa renunciar a tus criterios como madre o padre.
Puedes preguntar por ejemplos concretos, comprobar si has entendido bien o explicar cómo está viviendo tu hijo la situación.
“Quiero asegurarme de que lo he entendido. Lo que nos planteas es que ahora mismo necesita mejorar X e Y. ¿Es así?”
“En casa le estamos viendo bastante frustrado porque no entiende cuál es su rol. ¿Podrías ayudarle a tener una referencia más clara?”
“¿Cuándo tendría sentido volver a hablar para revisar cómo está evolucionando?”
Una conversación útil puede terminar sin que todos piensen exactamente lo mismo.
Lo importante es que deje información más clara, responsabilidades mejor diferenciadas y un siguiente paso posible.
Comparar con otros jugadores suele empeorar la pregunta
“Pero juega más que él y entrena peor.”
“¿Por qué sacas a ese niño y al mío no?”
En casa puede ser inevitable hacer comparaciones. En una reunión, normalmente aportan poco.
Tú no conoces toda la información del otro deportista y el entrenador tampoco debería discutir contigo detalles privados de otro menor.
Además, la comparación desplaza la pregunta.
La conversación deja de ser “qué necesita mi hijo” y se convierte en “por qué otro merece algo que mi hijo no tiene”.
Centrar la reunión en tu hijo protege mejor a todos y produce información que sí podéis utilizar después.
¿Y si mi hijo no quiere que hable?
Aquí la edad, el contexto y la gravedad importan mucho.
Con un adolescente, hablar a sus espaldas de una situación que él quiere gestionar puede hacerle sentir que pierde control sobre su propia experiencia deportiva.
Antes de intervenir, puedes preguntarle qué necesita de ti.
- ¿Quiere que le ayudes a preparar una conversación?
- ¿Quiere que estéis presentes?
- ¿Prefiere hablar primero él?
- ¿Quiere simplemente que le escuches?
Acompañar no significa desaparecer. Significa ajustar cuánto haces tú a cuánto puede empezar a hacer él.
La evidencia sobre deporte juvenil respalda la relevancia de entornos que favorecen la autonomía y relaciones positivas. Eso no convierte la autonomía en “que se apañe solo”. Puede significar darle voz y apoyo para participar en una situación que le afecta.1
En niños más pequeños, la familia tendrá naturalmente un papel mayor.
Y hay situaciones en las que la protección está por encima de esa negociación: violencia, humillación grave, acoso, discriminación, amenazas, riesgo físico o cualquier circunstancia en la que un menor necesite intervención adulta.
Ahora sí: ¿qué hacemos con los minutos?
Los minutos importan.
Para un joven deportista pueden significar diversión, aprendizaje, pertenencia, reconocimiento y oportunidades de demostrar lo que sabe hacer.
No necesitamos fingir que da igual jugar cinco minutos que cincuenta.
Lo que conviene evitar es convertir el número de minutos en el único indicador de cómo va su experiencia deportiva.
Según la edad, el nivel, la competición, el proyecto del club y la filosofía del entrenador, los criterios de participación pueden ser muy diferentes.
Por eso una buena conversación debería dejaros algo más que una explicación del último partido.
Debería ayudaros a responder:
- ¿Cuál es su rol ahora mismo?
- ¿Qué depende de él?
- ¿Qué está haciendo bien?
- ¿Qué necesita mejorar?
- ¿Qué oportunidades puede tener para demostrarlo?
- ¿Cómo sabremos si está progresando?
- ¿Cuándo volveremos a revisar la situación?
Ese mapa es mucho más útil que salir únicamente con un “jugará más” o “jugará menos”.
Después de la reunión, convierte la conversación en un plan pequeño
Una reunión útil puede quedarse en nada si cada persona vuelve a casa con una interpretación distinta.
F16 · Mini-acuerdo familia–entrenador está pensada precisamente para el paso siguiente: resumir qué se ha entendido, qué va a trabajar el deportista, qué puede aportar la familia y cuándo tiene sentido revisar la situación.
No hace falta convertirlo en un contrato.
Puede bastar con dos o tres referencias concretas para las próximas semanas.
Por ejemplo:
- El deportista: mejorar la intensidad defensiva y pedir feedback cuando no entienda una corrección.
- La familia: dejar de utilizar los minutos del partido como evaluación inmediata del fin de semana.
- El entrenador: darle una referencia clara sobre su evolución y revisar el rol dentro de unas semanas.
Después podéis observar.
Si la situación cambia, perfecto.
Si no cambia, tendréis mucha más información para decidir qué conversación necesita venir después.
APLICAR · MAPA ROOKIE
Antes de pedir la reunión
Antes de escribir al entrenador, prueba a responder estas seis preguntas:
- ¿Qué me preocupa realmente: los minutos, el rol, el desarrollo, el trato o cómo lo está viviendo mi hijo?
- ¿Qué sabe mi hijo sobre la situación y qué le ha dicho ya su entrenador?
- ¿Qué quiere mi hijo que haga yo?
- ¿Qué necesito entender al terminar la reunión?
- ¿Qué dos o tres preguntas me darían información útil sin comparar con otros deportistas?
- ¿Hay alguna situación de seguridad, violencia, acoso o humillación que exija actuar con otro criterio?
Si puedes responderlas, probablemente llegarás a la reunión con una conversación mucho más clara.
RESPUESTAS DIRECTAS
Si mi hijo juega poco, ¿debo hablar con el entrenador?
No siempre de inmediato. Primero conviene entender qué sabe tu hijo, cuánto tiempo lleva ocurriendo, qué edad tiene y qué quiere hacer él. La conversación familiar tiene más sentido cuando falta información, el rol no está claro, la situación se mantiene o el propio deportista necesita apoyo para abrirla.
¿Qué debería preguntarle al entrenador?
Más que pedir una explicación de una alineación concreta, busca información sobre el rol actual, qué está haciendo bien, qué necesita mejorar, qué oportunidades tendrá para demostrarlo y cuándo tendría sentido revisar la situación.
¿Cuándo no conviene esperar?
Cuando hay violencia, humillación grave, acoso, discriminación, amenazas, riesgo físico o cualquier situación de protección del menor. Ahí la prioridad ya no es gestionar mejor una conversación sobre minutos.
Una reunión no tiene que conseguir más minutos para ser útil
Esta es quizá la idea que más me interesa dejar clara.
El éxito de una conversación con el entrenador no debería medirse solo por si tu hijo juega más en el partido siguiente.
Puede haber una buena conversación y que el entrenador mantenga la misma decisión.
Pero quizá ahora tu hijo entiende su rol. Tiene dos cosas concretas que trabajar. Sabe cuándo recibirá feedback. La familia deja de interpretar cada convocatoria como un juicio definitivo. Y todos saben qué revisar dentro de unas semanas.
Eso ya cambia la situación.
Si después de un tiempo la experiencia sigue sin encajar con lo que necesita el deportista, tendréis mejores elementos para decidir también si ese equipo, ese proyecto o ese momento son adecuados.
Hablar con el entrenador no consiste en ganar una negociación.
Consiste en obtener información, proteger la experiencia del joven y construir, cuando sea posible, una relación que ayude a que el deporte siga siendo un lugar de aprendizaje.
Si quieres ampliar el contexto sobre el papel de madres y padres en el deporte base, en Papás Uber hablo de todo lo que una familia sostiene más allá del marcador.

Este problema es parte del corazón de Cuando la vida te sienta
El libro no trata “los minutos” como una anécdota. Los mira como un sistema: qué vive quien se queda en el banquillo, cómo se toman decisiones, qué se dice en casa, cómo hablar con el entrenador y cuándo tiene sentido plantearse un cambio de equipo.
- Cap. 7: por qué a veces no juegas y qué parte puedes controlar o influir.
- Cap. 16: cómo hablar en casa de convocatorias, minutos y derrotas.
- Cap. 17: cómo preparar una conversación constructiva con el entrenador.
- Cap. 18: cuándo valorar un cambio de equipo sin convertirlo en una huida.
Con el libro se accede a la Biblioteca Banquillo y sus 47 Rookie Tools. En esta ruta aparecen, entre otras, F7 para ampliar la conversación más allá de “¿has jugado?”, F12/F13 para el viaje de vuelta y F15/F16 para preparar y aterrizar la reunión con el entrenador.
¿Tu hijo juega poco y la situación empieza a generar tensión en casa o con el equipo?
Podemos ordenar qué está ocurriendo, qué necesita hablar el propio deportista y qué conversación merece la pena abrir con su entrenador.
Soy José Ortiz Gordo, Psicólogo del Deporte y autor de Cuando la vida te sienta. Trabajo con deportistas, familias, entrenadores y equipos para convertir situaciones concretas del deporte en decisiones y habilidades que puedan entrenarse. Puedes conocer aquí cómo trabajo en Psicología del Deporte.
Referencias
Gao Z, Chee CS, Norjali Wazir MRW, et al. The role of parents in the motivation of young athletes: a systematic review. Frontiers in Psychology. 2024;14:1291711. doi:10.3389/fpsyg.2023.1291711.
Bengtsson D, Stenling A, Nygren J, Ntoumanis N, Ivarsson A. The effects of interpersonal development programmes with sport coaches and parents on youth athlete outcomes: a systematic review and meta-analysis. Psychology of Sport and Exercise. 2024;70:102558. doi:10.1016/j.psychsport.2023.102558.
Santos F, Ferreira M, Dias L, Elliott SK, Milan FJ, Milistetd M, Knight CJ. A scoping review of coach-parent interactions and relationships across youth sport settings. International Review of Sport and Exercise Psychology. Published online 2024. doi:10.1080/1750984X.2024.2332986.
