Brecha generacional: un reto de creencias y de liderazgo

El 2 de enero de 2026 participé, como psicólogo que suele trabajar con jóvenes, en el
Telediario de TVE1 (edición de las 21h). En la pieza hablamos de un tema que me interesa especialmente:
las creencias con las que cada generación interpreta el juego de nuestro día a día… y de cómo impulsar el
trabajo en equipo y la cooperación intergeneracional.

Jose Ortiz Gordo en el Telediario (TVE)
No es una “guerra de generaciones”: es un reto de creencias, expectativas y liderazgo.

📺 Ver el corte en RTVE Play:

Brecha generacional entre los jóvenes y los baby boomers (Telediario 2)

Si ves el corte, el contexto se entiende perfecto. Aquí quiero quedarme con el fondo:
cómo las creencias (a veces invisibles) pueden crear distancia… o pueden convertirse en una oportunidad para liderar mejor.

Aquí os dejo 6 claves que trabajamos y que, para mí, sirven igual en una empresa, una familia, un vestuario o un equipo técnico:

1. El error que más se repite: confundir “mi experiencia” con “la verdad”

Cada generación ha vivido un tablero y unas reglas del juego distintas. Y aquí empieza el reto:
tendemos a creer que nuestro tablero es el único tablero.

  • “Yo lo conseguí así” se transforma en “así se consigue”.
  • “Antes se podía” se transforma en “ahora no queréis”.
  • “Ahora lo tenéis todo” se transforma en “no tenéis excusa”.
  • “Esto está imposible” se transforma en “no merece la pena intentarlo”.

Son frases que suenan normales… hasta que te das cuenta de que son creencias cerradas.
Y una creencia cerrada no es una idea: es una jaula.

En deporte esto se ve clarísimo: si un equipo se agarra a “siempre se ha hecho así”, deja de competir de verdad.
Compite con el pasado. Y el pasado siempre gana.

2. La brecha real: expectativas incompatibles

Más que “brecha generacional”, yo lo llamaría así:
expectativas incompatibles dentro de un mismo equipo.

Porque cuando un joven y un mayor se sientan a hablar —en una empresa, una familia o un vestuario— suele ocurrir esto:

  • Uno valora seguridad y el otro valora libertad.
  • Uno valora esfuerzo sostenido y el otro valora agilidad.
  • Uno entiende el éxito como estabilidad y el otro como movimiento.
  • Uno cree que el respeto se gana con tiempo y el otro con competencias demostradas.

Nada de eso es “malo”. El problema aparece cuando lo vivimos como ataque:
“si tú no haces lo que yo hice, es que no vales”, o “si tú no entiendes mi realidad, es que no me respetas”.

Y entonces dejamos de buscar soluciones: empezamos a buscar culpables.

3. El mito que más daño hace: “esto es una competición entre generaciones”

Cuando la gente convierte esto en un ring, pierde lo más valioso: la posibilidad de jugar en equipo.

En rendimiento (deportivo o profesional) hay una idea sencilla: si defines mal el rival, te equivocas de estrategia.

  • Si el rival es “el otro”, lucharás contra personas que podrías tener de aliadas.
  • Y mientras, el rival real —contexto económico, reglas del mercado, incertidumbre, presión, comparaciones constantes—
    sigue ahí.

El liderazgo consiste en esto: dejar de pelear por el relato y empezar a construir acuerdos.
Definir objetivos comunes y accionar un plan.

4. “Jugar en equipo” no es una frase bonita: es un sistema de juego (y hay que entrenarlo)

Decir “hay que jugar en equipo” queda fenomenal. Pero si no lo bajas a tierra, se queda en lema para tu taza del desayuno.

Para mí, la estrategia del partido pasa por entrenar estos pasos:

A) Un objetivo retador y compartido

Sin esto, cada generación compite con su propia agenda “a su bola”.

B) Reglas del juego claras, basadas en respeto

  • “No usamos etiquetas para invalidar: ‘porque eres joven/mayor’.”
  • “Cuando hay conflicto, preguntamos primero: ‘¿qué estás intentando proteger?’.”
  • “Si pedimos algo, lo concretamos: qué, cuándo y cómo.”

C) Roles complementarios (para no pisarnos)

Mucha tensión en cualquier equipo nace de roles mal definidos y solapados:

  • Experiencia ≠ control.
  • Energía ≠ improvisación.
  • Visión ≠ superioridad.
  • Aprendizaje ≠ debilidad.

D) Mentoría bidireccional (en serio)

Todos podemos aprender de todos: contexto, criterio, lectura de largo plazo y errores que no conviene repetir…
y también herramientas, velocidad de adaptación, mirada nueva y eficiencia.

5. Romper creencias: el trabajo invisible del liderazgo

Aquí viene lo que casi nadie admite: la brecha no se reduce con argumentos.
Se reduce con partidos luchados juntos… y sí, los ganados y también los perdidos.

6. Lo que yo me llevo de esta conversación

No me interesa alimentar la narrativa de “jóvenes contra boomers”.
Me interesa algo más útil:

  • Entender qué creencias están mandando en cada uno.
  • Elegir qué creencias nos ayudan y cuáles nos bloquean.
  • Convertir la convivencia (y el juego en equipo) en cooperación real, con estrategia, reglas y roles bien definidos.

Cuando un equipo comparte un objetivo retador y establece reglas, el talento se ordena.
Cuando el equipo comparte etiquetas y creencias limitantes, el talento se marchita.