Ultraprocesados y jóvenes deportistas: marketing y salud
Participación en Informe Semanal (TVE)
Si no ves el vídeo correctamente, puedes verlo directamente en RTVE Play:
“Invasión de ultraprocesados” – Informe Semanal (RTVE)
Hace unos días tuve la oportunidad de participar en Informe Semanal (TVE), en un reportaje sobre la invasión de los productos ultraprocesados en nuestra alimentación.
Mi papel en el programa no fue hablar de calorías ni de tablas nutricionales. Para eso ya había grandes especialistas. Fui invitado como psicólogo experto en marketing y psicología del consumo para responder a otra pregunta igual de incómoda:
Si todos sabemos que no es lo más saludable… ¿por qué seguimos llenando el carro de ultraprocesados, sobre todo cuando hay niños y jóvenes en casa?
Y, si hablamos de jóvenes deportistas, la pregunta se vuelve todavía más delicada.
No es solo “falta de fuerza de voluntad”
A veces explicamos la mala alimentación con frases muy simples:
- “Es que los niños prefieren la comida basura”.
- “Los padres no se esfuerzan”.
- “Todo es cuestión de fuerza de voluntad”.
La realidad es bastante más compleja.
Los productos ultraprocesados están diseñados para ganar varias “batallas” a la vez:
1. Batalla del tiempo
Cocinar exige pensar, planificar, hacer la compra, equivocarse con una receta… Un ultraprocesado solo exige abrir un envase y calentar. En una familia que llega a las 20:30 a casa entre trabajo, estudios y entrenamientos, eso pesa.
2. Batalla del sabor y la recompensa
Están formulados para ser hiperpalatables: mucho sabor, mucha textura, mucha recompensa rápida. El cerebro aprende muy deprisa qué alimentos dan placer inmediato… y cuáles implican más esfuerzo.
3. Batalla del mensaje
Aquí entra el marketing. Envases llamativos, claims de “rico en vitaminas”, “fuente de hierro”, “con cereales integrales”, personajes infantiles, promociones en redes sociales… El mensaje que se instala es:
“Si eliges esto, aciertas. Es rápido, cómodo y además parece sano.”
Cuando juntamos todo esto, culpar solo a la “falta de voluntad” es injusto y poco útil. Estamos jugando una partida desigual.
El impacto en jóvenes deportistas: no solo es cuestión de peso
En consulta veo cada vez más familias con hijos e hijas que hacen deporte varias veces por semana. Futbolistas, nadadores, triatletas, jugadores de baloncesto… Chicos y chicas que entrenan duro, pero cuya alimentación diaria está muy condicionada por los ultraprocesados.
El problema no es solo “engordar” o “adelgazar”. Hay otros efectos igual de importantes:
- Energía irregular: picos de azúcar y caídas bruscas. Días en los que “no tiran” en los entrenamientos y nadie entiende por qué.
- Peor recuperación: más cansancio acumulado, más molestias, más riesgo de lesión.
- Dificultad para concentrarse en clase y en el juego: la cabeza también se alimenta.
- Relación confusa con la comida: mensajes contradictorios entre lo que oyen en redes, lo que ven en casa y lo que les dicen entrenadores o médicos.
La mala alimentación y la mala salud, también mental, van muchas veces de la mano. No se trata de demonizar alimentos concretos, sino de ver el sistema completo en el que viven estos chicos y chicas.
Lo que el marketing sabe… y las familias también deberían saber
Desde la psicología del consumo, hay varias ideas que conviene tener claras:
1. Lo fácil se repite
Si un producto me ahorra pensar, tiempo y esfuerzo, es más probable que se convierta en mi opción por defecto. No porque sea mejor, sino porque es más fácil.
2. Los mensajes se construyen para tranquilizar la conciencia
Cuando un envase muy azucarado resalta su “vitamina D” en grande, no es casualidad. Es una forma de reducir la culpa de la elección. Parece que estamos eligiendo “algo bueno”.
3. Los jóvenes son un objetivo prioritario
Quien conquista sus hábitos hoy, probablemente tendrá un consumidor fiel mañana. Por eso la presión publicitaria es tan intensa en ese tramo de edad.
No podemos competir con el presupuesto publicitario de la industria, pero sí podemos jugar mejor nuestras cartas como madres, padres, entrenadores y profesionales del deporte.
Tres ideas prácticas para familias y entrenadores
No se trata de convertir cada comida en una batalla ni de perseguir la perfección. Se trata de mejorar el contexto en el que comen nuestros jóvenes deportistas.
1. Cambiar el foco: de “prohibir” a “añadir”
En lugar de centrar toda la conversación en lo que no pueden comer, es más útil preguntarse:
“¿Qué podríamos AÑADIR para que su alimentación sea un poco mejor?”
- Añadir una pieza de fruta real al día (aunque al principio “no apetezca”).
- Añadir agua como bebida habitual, dejando refrescos y bebidas azucaradas como algo puntual.
- Añadir verduras u hortalizas de alguna forma en al menos una comida diaria.
Cuando añadimos opciones mejores, poco a poco van desplazando a las peores. No hace falta una revolución de un día para otro.
2. Preparar el entorno, no solo el discurso
Decir “come mejor” mientras la despensa está llena de bollería, refrescos y snacks es pedirle a un adolescente que resista a una tentación para la que ni los adultos estamos preparados.
Algunas decisiones que marcan la diferencia:
- Que los alimentos fáciles de picar en casa sean fruta, frutos secos naturales, yogur poco azucarado, pan bueno…
- Reservar los ultraprocesados para momentos muy concretos (salidas especiales, celebraciones), no para el día a día.
- Si hay producto “de capricho” en casa, que no esté siempre a la vista.
El mensaje es claro: no es solo fuerza de voluntad individual, es diseño del contexto.
3. Hablar de alimentación como parte del rendimiento, no como castigo
Con los jóvenes deportistas funciona mucho mejor este enfoque:
“Si comes así, vas a recuperar mejor, te vas a encontrar con más energía y vas a disfrutar más en el entreno y en el partido.”
… que este otro:
“Si comes eso, vas a engordar, no puedes, te lo prohíbo.”
Cuando conectan la alimentación con lo que les importa de verdad (jugar mejor, rendir más, sentirse fuertes, disfrutar del deporte), la motivación cambia.
Lo que me llevo de Informe Semanal
Mi participación en Informe Semanal ha sido una confirmación más de algo que llevo tiempo viendo en consulta y en los vestuarios:
- No basta con decirle a la gente qué es sano y qué no.
- Hay que entender cómo decide, qué mensajes recibe, qué prisas tiene, qué miedos y qué culpas arrastra cuando abre la despensa.
El marketing de ultraprocesados está muy bien diseñado. No podemos ingenuamente pensar que lo vamos a contrarrestar solo con fuerza de voluntad y buena intención.
La buena noticia es que, cuando familias, entrenadores y jóvenes deportistas reciben información clara y herramientas prácticas, las cosas empiezan a cambiar. No de un día para otro, pero cambian.
Si te interesa que trabajemos este tema en tu club, en el equipo de tu hijo o en tu centro educativo, desde la psicología del deporte y del consumo, estaré encantado de escucharte y ver cómo puedo ayudar.
Porque, al final, no se trata solo de comer “perfecto”.
Se trata de que el deporte y la alimentación sostengan salud, disfrute y rendimiento a largo plazo.

